Persona aislada en una habitación oscura con una linterna en la mano

Un grupo de científicos realizó un estudio en el año 1965 sobre los efectos psicológicos y fisiológicos del aislamiento en las personas.

Para este estudio fueron elegidos dos voluntarios, una comadrona llamada Josie Laures y un fabricante de muebles llamado Antoine Senni. Los dos fueron dejados solos en dos cuevas diferentes en los Alpes franceses durante varios meses.

Al final, después de 88 días viviendo en la cueva, Laures salió de la cueva y cuando los investigadores la preguntaron si sabía qué día era ella dijo que el 25 de febrero. En realidad, era el 12 de marzo y había batido el récord mundial del tiempo que una persona vivió en aislamiento completo.

Cuando Senni salió de la cueva pensaba que era el 4 de febrero cuando en realidad era el 5 de abril. Había estado 126 días aislado en la cueva, superando el récord de Laures.

A las pocas semanas de vivir aislados en la cueva, sin ningún tipo de referencia que indicase la hora o el día, ellos perdieron la noción del tiempo. Aunque los científicos reportaron que ambos voluntarios tenían buena salud física y psíquica, sus hábitos de sueño y percepción del tiempo sufrieron cambios esenciales durante su estancia en las cuevas.

“Ante la falta de indicios de luz solar o incluso de la hora, los hábitos de sueño de Laures y Senni se vieron alterados sin que ellos se dieran cuenta. Por ejemplo, Senni podía dormir a veces durante 30 horas y luego se despertaba pensando que sólo había dormido un poco. Los científicos descubrieron más tarde que ante la falta de indicios temporales, las personas suelen adoptar ciclos de sueño de 48 horas, complicando aún más el seguimiento del tiempo”.

Aunque ambos voluntarios sobrevivieron a esta terrible experiencia, reconocieron que no fue demasiado divertido. Después de salir de la cueva, Laures dijo lo siguiente:

“Me alegro tanto de haber salido y de haberlo olvidado todo. Puedo decir que me fue muy difícil hacia el final y me sentí terriblemente agotada… Al comienzo de mi estancia solía leer, pero luego perdí este deseo. No pasé frío, el aire estaba caliente dentro de la cueva. En los primeros días mi grabadora no funcionó, pero luego logré repararla y empecé a escuchar bastante música y esperar con ansia volver a estar bajo el sol”.

Fuente: Mental Floss

No hay comentarios

Dejar una respuesta