Muchos creen que los rayos se originan sólo desde los cielos hasta que alcanzan algún punto de abajo. Sorprendentemente, también pueden formarse a nivel de suelo y dispararse hacia arriba. Este rayo al revés es el tema de un artículo publicado en la revista Journal of Atmospheric and Solar-Terrestrial Physics, en el que se revela el extraño comportamiento de estos rayos invertidos.

A pesar del hecho de que hay más o menos 40-50 rayos en algún lugar del mundo cada segundo, se trata de un fenómeno sorprendentemente poco conocido. Cuando se forma una tormenta de nubes  en la superficie de la Tierra, se acumula una carga negativa en sí misma, y simultáneamente, en el suelo, se acumula una carga positiva. Los rayos caen siendo ésta la manera natural en la clasificación de la carga eléctrica. Un canal de aire lleno de partículas eléctricamente excitadas (iones) desencadena el relámpago.

Los rayos ascendentes pueden alcanzar alturas atmosféricas de 90 kilómetros

Los rayos al revés son otro curioso giro en  la creencia popular. Estos relámpagos, que parecen formarse con frecuencia en la parte superior de las torres altas, pueden estallar a través de las nubes y alcanzar alturas atmosféricas de 90 kilómetros.

En un relámpago normal, los iones negativos de la nube se precipitan hacia abajo y cumplen con los iones positivos desplazándose hacia arriba. En un relámpago invertido, los iones positivos se apresuran hacia arriba mucho más rápido, formando un “circuito” eléctrico con las nubes y la atmósfera superior.

Curiosamente, algunos de estos rayos no parecen estar asociadas con anteriores relámpagos bajos. Tratar de determinar cuál de estos rayos apareció de forma independiente (auto-activados) en lugar de qué ocurre justo después de un relámpago dirigido hacia abajo (otra desencadenada) fue uno de los objetivos claves de este nuevo estudio.

A diferencia de la mayoría de las estructuras altas equipadas con pararrayos, los aerogeneradores son particularmente vulnerables a la caída de rayos. A veces se encuentran en las crestas de las cimas de las montañas, y aunque esto optimiza su capacidad para captar el viento, también les deja muy vulnerables a ataques dañinos.

“Los rayos que van del suelo a las nubes se han observado desde la década de 1930, pero es sólo recientemente, con el creciente uso de las turbinas de viento, que se ha convertido en una preocupación real”, dijo Aleksandr Smorgonskiy, un estudiante de doctorado en la Escuela Politécnica Federal de Lausana y autor principal del estudio.

Gracias al uso de 15 años de datos sobre la caída de rayos sobre dos generadores de las montañas europeas, Smorgonskiy quiso determinar cómo golpean y se forman los relámpagos. Para su sorpresa, observó que había 100 veces más relámpagos invertidos que los regulares. No sólo eso, sino que gracias al sistema europeo de detección de relámpagos EUCLID, se reveló que más del 80% de ellos fueron auto-desencadenados.

En definitiva, el estudio sugiere que este tipo de relámpagos tienen lugar con mucha más frecuencia  de lo que se pensaba en un principio, y que pueden ocurrir sin ningún relámpago descendente anterior.

Es impresionante que un rayo pueda ocurrir tanto en forma descendente como ascendente y que este fenómeno sea más frecuente de lo habitual, ya que casi siempre hubo la creencia popular de que los relámpagos únicamente caen del cielo a la tierra.

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