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Introducción

En la segunda decena del siglo XIX, momento en el que se sitúa la historia de The Revenant, la situación de lo que hoy conocemos como Estados Unidos de América, estaba bastante revuelta por culpa de los diferentes tipos de colonizadores europeos que comenzaban a penetrar en su interior en busca de riquezas. Una búsqueda, en la que para conseguir tener el éxito que todos esperaban, se consiguió pasándoles por encima a la enorme diversidad de poblaciones indígenas que vivían tan felices en armonía con la naturaleza.

Poblaciones, que se vieron obligadas a luchar con todas sus fuerzas para evitar que gentes como los tramperos que protagonizan esta película y posteriormente los buscadores de oro, diezmaran de forma totalmente indiscriminada tanto los animales de los que se alimentaban como a una enorme cantidad de los integrantes de su población. Y es que si por algo se caracterizaban aquellos primeros hombres, a los que todo el mundo admira por aventurarse a adentrase en el interior de un territorio totalmente desconocido, es por su nulo respeto por la vida, las tradiciones y sobre todo la propiedad de las tierras de todos a los que ellos consideraban como salvajes.

The Revenant, un canto a la supervivencia

Una de las cosas que más me ha llamado la atención nada más comenzar The Revenant, es el gran papel que Alejandro González Iñárritu ha otorgado en esta película a los diferentes escenarios naturales que aparecen en este film. No sé si os pasará a vosotros, pero tras acabar de verla, sería capaz de quitarle el sonido y estar las dos horas que dura el metraje admirando como se utiliza la rudeza del invierno o el impetuoso río Misuri para darle la fuerza o el dramatismo necesario en algunas escenas.

Un film, basado en la historia real de Hugh Glass, que no intenta darnos lecciones sobre sobre lo buenos o malos que eran unos u otros, sino en el que tan solo se quiere mostrar de forma veraz, como uno solo hombre es capaz de sobreponerse a las adversidades y sobrevivir en un medio hostil tras ser abandonado por aquellos que debían ayudarle a tener un fin lo más humano posible.

Hombre (ojo aquí comienzan los spoilers), que le obliga a Leonardo DiCaprio a llevar hasta el límite su talento interpretativo, al que las ansias por sobrevivir para vengar la muerte de su único hijo a manos de uno de sus compañeros, le permiten superar obstáculos tan extraordinarios como un río de las aguas heladas, montañas llenas de nieve, y sobre todo las espeluznantes heridas provocadas por la furiosa osa que ataca a Glass para mantener a salvo a sus crías. Una osa, a la que por otra parte, no entiendo como no es capaz de detectar siendo un experto guía en este tipo de terrenos. Sé que es ponerse un poco tiquismiquis, pero es que este tipo de animales van dejando a su paso un rastro bastante sencillo de identificar por un ojo experto.

Mención aparte se merece la actuación de Tom Hardy, uno de los actores que cotizan más al alza en Hollywood de los últimos tiempos, el cual interpreta a uno de los personajes más traicioneros y retorcidos que he podido ver en los últimos tiempos, John Fitzgerald. Un trampero muy seguro de sí mismo, al que los indios marcaron para siempre, el cual únicamente está interesado en dos cosas: conseguir el dinero suficiente para poder empezar una nueva vida en Texas lejos de los indios y conservar su vida a toda costa, sin importarle lo más mínimo lo que les pueda pasar a los que le acompañan.

No os voy a engañar, nunca he sido muy fan de Leonardo DiCaprio, pero tras ver lo mal que lo ha ido pasando en The Revenant y como ha sido capaz de ir adaptándose a la perfección a las diferentes situaciones por la que Glass va pasando en la película, creo que voy a empezar a mirarlo con otros ojos.

Eso sí, si por una de esas casualidades del destino me ofrecieran realizar una larga travesía por las montañas que circundan el río Misuri junto a Leonardo DiCaprio, declinaría amablemente la invitación. No creo que pudiera pasar por tantas cosas y acabar de una sola pieza.

Conclusión

Quizá me equivoque, ya que no hay nada más incomprensible que los criterios utilizados por el jurado de los Oscars para darle la estatuilla a uno u otro actor, pero probablemente esta sea la actuación que por fin le dé a Leonardo DiCaprio el premio que tantas veces le ha esquivado. Tiene que competir con un rival tan duro como Eddie Redmayne, el cual está fantástico en La chica danesa, pero si se sigue premiando un poco más el sufrimiento del personaje por encima de la actuación, hay una enorme probabilidad de que a partir del 29 de febrero los memes de Leonardo sin estatuilla sean cosa del pasado.

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